A flor de piel, de Javier Moro




CLUB DE LECTURA DE ÁBACO: 

Dentro del Ciclo de Literatura Española Contemporánea: A Flor de Piel, de Javier Moro


Comparto reseña sobre la novela en mi blog: 



Miércoles 08, 15 y 22 de Junio en Ábaco Libros y Café
6:00 p.m.



Sinopsis 1

El 30 de noviembre de 1803, una corbeta zarpa del puerto de La Coruña entre vítores y aplausos. En su interior viajan veintidós niños huérfanos cuya misión consiste en llevar la recién descubierta vacuna de la viruela a los territorios de Ultramar. Los acompaña Isabel Zendal, encargada de cuidarlos. Los héroes de esta descabellada expedición, dirigida por el médico Francisco Xavier Balmis y su ayudante Josep Salvany, sobrevivirán a temporales y naufragios, se enfrentarán a la oposición del clero, a la corrupción de los oficiales y a la codicia de quienes buscan lucrarse a costa de los desamparados. Si al final esta aventura se convirtió en la mayor proeza humanitaria de la Historia, se debió no sólo al coraje de aquellos niños que se vieron abocados a salvar las vidas de tantísima gente, sino también al arrojo de los dos directores, hombres sin miedo que se disputaron el amor de la única mujer a bordo. A raíz del descubrimiento de la identidad de Isabel Zendal, Javier Moro, autor de Pasión india y El imperio eres tú, reconstruye una prodigiosa epopeya de la mano de un personaje femenino inolvidable. Los protagonistas de A flor de piel, desgarrados entre la pasión de salvar al mundo y la necesidad de salvarse a sí mismos, son como luces en el horizonte oscuro del final de una época.


Sinopsis 2

Una mujer. Dos adversarios. Veintidós niños. Una aventura que cambió el rumbo de la Historia.


En una época de superstición y de inestabilidad política, un hombre persigue una obsesión: erradicar una terrible enfermedad que amenaza a la población mundial. Enfrentándose al poder religioso, que no ve con buenos ojos el avance de la nueva ciencia, el 30 de noviembre de 1803 Francisco Xavier Balmis emprende una campaña sanitaria sin precedentes que lo llevará hasta el Nuevo Mundo y el Lejano Oriente. Con él viajan su ayudante, el joven Salvany, con quien comparte una intensa vocación por la medicina, e Isabel Zendal, hija de una familia humilde de campesinos gallegos encargada del cuidado de los veintidós huérfanos que deberán mantener la vacuna activa durante la travesía. 

A flor de piel cuenta la mayor proeza humanitaria de la Historia, una ambiciosa expedición que fue posible gracias al valor de los más frágiles, a la fortaleza de una mujer apasionante, y a dos hombres que disputaron su amor en una aventura que cambió el rumbo de la Historia. 

Basada en la famosa «Expedición Balmis» y en sus protagonistas reales, esta novela nos traslada a una época fascinante en un viaje a los confines del mundo, a través de unos personajes guiados por una idea tan descabellada como genial. 

Una emocionante epopeya en la que Javier Moro, autor de los long sellers Pasión india y El sari rojo, nos muestra que, en las situaciones más extremas, los sentimientos son la clave que nos impulsa a seguir adelante.



Primera página del Libro

(Me impresiona como desde el inicio, y desde el primer párrafo se introduce de gran manera, en uno de los recursos, que en lo que he leído hasta ahora, es uno de los fuertes de la novela, la ambientación... entras inmediatamente a la época, y al momento... momento de peste y enfermedad)

La joven se abrió paso a empujones entre las bestias apretujadas en la entrada de su casa siempre en penumbra. Aparte de la peste habitual a orines, a sudor animal y a paja mojada, un tufo a mandrágora la puso sobre aviso. «¿El médico?», se preguntó extrañada. Sólo se oía el resuello de la vaca y el piar de los polluelos que picaban el suelo afanosamente. Ninguna voz, ningún sonido humano, ningún ladrido salía del interior de la casa usualmente atestada de animales y gente. «Qué raro», pensó Isabel. Sabía que su madre estaba dentro, porque guardaba cama. Así que depositó en un altillo el manojo de berzas que su padre le había encargado recoger, se quitó los zuecos sucios de barro y empujó el portón. Olía a humo, a humedad y a rancio.
Entornó los ojos, que tardaron unos segundos en adaptarse a la oscuridad. El haz de luz que se filtraba por una grieta en uno de los muros le hizo descubrir, para su sorpresa, que toda la familia estaba presente en esta sola habitación que hacía de establo, cocina, pocilga, dormitorio, salón y hasta de enfermería. En el catre de madera lleno de paja cubierta con una sábana de estopa, donde solían dormir todos juntos, yacía bocarriba una mujer de mediana edad que parecía una anciana. Su madre. La Ignacia. La que no paraba de trajinar, la que animaba a los demás, la que no se amedrentaba ni por el frío ni por el hambre, la que parecía inmortal. Sin embargo, llevaba tres días con calentura, escalofríos, vómitos y convulsiones. Isabel se asustó al ver que le habían salido manchas rojas en el rostro.
Arrodillado en el suelo, con un rosario en la mano, el cura don Cayetano Maza, un hombre grueso con mejillas encarnadas, mascullaba una oración. A Isabel se le revolvió el estómago. El párroco no solía entrar en las casas, no le gustaba restregarse ni con la pobreza ni con la enfermedad. La última vez que lo hizo fue cuando vino a bautizar al hermano recién nacido, pero cuando llegó, el bebé ya había muerto. (...)


Sesión Miércoles 08 Junio:


Hola a todos, el día de hoy tuvimos la primera sesión de "A Flor de Piel" de Javier Moro, último libro del Ciclo de Literatura Española Contemporánea. Se hizo la presentación,y nuestras amigas María Sixta y Amparo hicieron aportes invitando a la lectura, y todos quedamos con muchas ganas de seguirlo leyendo.

A mi particularmente me ha gustado mucho, como escribí anteriormente, las descripciones, la narración y la prosa de Moro es hipnótica e invita a seguir leyendo. 

También tuvimos la presencia del amigo Javier Vargas, del departamento de literatura de la Université Laval de Canadá, quien presenció la sesión, como parte de su investigación sobre los hábitos de lectura en varias ciudades de latino américa. 

A continuación, comparto un fragmento que me gustó mucho de la novela, y leí en la sesión, cuando una de las protagonistas del libro, Isabela, tiene su primer encuentro sexual:




Isabel le sonrió, le abrazó y cerró los ojos cuando él empezó a susurrarle frases al oído. Al cabo de un rato, se la llevó caminando hasta rodear la torre.
Era casi de noche cuando llegaron frente a los restos de un naufragio, uno de los muchos barcos que habían encallado al penetrar en la bahía y se había estrellado contra los escollos. A intervalos regulares, los destellos del faro iluminaban la silueta del casco, las cuadernas arrancadas, el castillo de proa reventado, los mástiles rotos y los cabos deshechos. Pero era un refugio, un lugar más seguro que las rocas donde se estrellaba la espuma del mar. Se acurrucaron el uno contra el otro, mientras en un susurro él le pedía paciencia y le hablaba del momento del regreso, del viaje prodigioso que les haría cruzar el mar, de cómo vivirían en América, donde no tendrían ni patrón ni amo ni capitán, del sueño de un futuro juntos que, si bien se posponía, seguía intacto porque era sagrado. Mientras murmuraba en las sombras, le desabrochó la camisa y luego el corpiño.
—No —dijo ella—, para...
Pero no insistió más por temor a echar a perder el encanto, mientras él seguía apoderándose de su cuerpo. Con la yema de los dedos le acarició los brazos, el cuello, la oreja, buscó su camino hacia el vientre, y ella, con la sensibilidad a flor de piel y el alma dolorida, olvidó los consejos de sus amigas de la aldea, volvió a decir un no que se perdió entre el estruendo del oleaje, y se aventuró a acariciarle los brazos y a hundir su rostro en el torso velludo. Agradecida a la oscuridad que escondía el rubor que la invadía, se entregó, muerta de desesperanza y de amor.
La resaca apareció nada más volver a casa. Se miró en el espejo: faltaban varios botones en su corpiño, había perdido el pañuelo y tenía el pelo suelto, y entre otros vestigios del amor descubrió marcas en la piel a la altura del cuello y en los pechos, y algún que otro rasguño. Al encontrarse sola, se daba cuenta de la enormidad de lo que acababa de ocurrir y se reprendió por haber bajado la guardia: ¿de qué habían servido tantos meses de resistencia numantina si en un momento de debilidad había flaqueado tanto? Entonces se acordó del remedio que utilizaban las mujeres de la aldea. Buscó una esponja, se fue de puntillas a la cocina, la empapó de vinagre y se la introdujo para no quedar preñada. Lo demás era rezar a la Virgen y a san Nicolás, en la parroquia que tenía más cerca y de la que ya era asidua visitante. 


Saludos! Y seguiremos la lectura para el próximo miércoles

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