Ciclo de Poesía (Siglo de Oro Español)



Francisco Pinaud:

Buscar, leer y retener en la memoria, poemas de estas figuras del Siglo de Oro español:
Garcilaso dela Vega
Santa Teresa de Jesús
Fray Luis de León
San Juan de la Cruz
Francisco de Quevedo
Luis de Góngora y Argote
Lope de Vega
Pedro Calderón de la Barca.

Se vale recurrir a doña Wiki y a Mr. Google.
¡Habrá "Quiz" oral y escrito!!




 Francisco Pinaud:


Este texto del poeta colombiano Eduardo Carranza ya lo he enviado varias veces.
Vuelve y juega a propósito del tema de la poesía del siglo de oro español.
Es una maravillosa síntesis de todo lo que representó la poesía -sobre todo, la mística- en ese período tan especial de las letras castellanas.
Su lectura nos anima a seguir "en buenos tratos" con la poesía.
La de antes y la de ahora.



SONETO AL CRUCIFICADO

De Eduardo Carranza


En estos días de dramática meditación cristiana y de morado ensueño religioso, ha vuelto a nuestro corazón el”Soneto al Crucificado”, quizá el más hermoso de cuantos se han escrito en lengua española:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.
Tu me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperará,
lo mismo que te quiero te quisiera.

¿A quién se debe esta flor perfecta de amor y meditación, esta breve colina de diamante? ¿Qué pluma de fraile o de laico trazó, segura y conmovida, esta frágil arquitectura imperecedera? ¿Cuál entre los tres mil y tantos escritores místicos españoles de que nos habla Menéndez y Pelayo vio un día, en el cielo abierto, volar este soneto como un ángel? ¿Fue en el silencio de un claustro con huerto horaciano, campana castellana e iglesia romántica? ¿O sobre el mar de los aventureros? ¿O en el arduo camino labrado por la huella de romeros y paladines?

Hasta hoy el secreto permanece cerrado y sellado. El rigor de los eruditos y la pasión de los devotos han indagado en vano sobre el pequeño tesoro maravilloso. Se atribuyo a Santa Teresa de Jesús: pero quizá la gracia y la fluidez de estas estrofas no concuerdan con el grave y medular idioma de la andariega reformadora. Se atribuyó a San Ignacio: pero su alada y tierna estructura está muy lejos de la inflexible ascética loyolesca y de la militar estrategia espiritual del primer general de los jesuitas.

Se le ha relacionado con Miguel de Guevara y con San Francisco Javier. E incluso, con el que fuera brillante Duque de Gandía y Caballero del Emperador, San francisco de Borja, aquel que al ver un día el rostro lívido de una muerta bienamada, se retiró al seguro conventual para no servir ya más a señor que se pudiera morir. (Para mi, en esta música tan humana y celestial se respira el aire del Lope de las Rimas sacras: “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?...”)

Parece, eso si, que la época de su composición debe situarse en el reinado del prudente Don Felipe. Han pasado los días caballerescos, jocundos y renacentistas del César Carlos V., abiertos a la sensual brisa de Italia y a todos los influjos universales: habían pasado con su brillo de armas, su caballeresca galanía, su rafagueo de banderas, su rumor de romances. Con su aroma gentil, con su melodía neoplatónica, con su ilusión cortesana. Con sus galanes heroicos: Hernán cortés, Jiménez de Quesada y Diego Hurtado de Mendoza, Gracilaso cantor de las doradas ninfas del Tajo, Cetina cantor de los ojos claros y Hernando de Acuña cantor del César, rayo de la guerra: aquellos que, a un tiempo, creaban un imperio y creaban la lengua poética en que todavía hablamos con Dios, con el mundo y con nosotros mismos, los hispanos de aquende y allende los mares. Habían pasado como la manriqueña verdura de las eras.

Cuando el emperador entra en Yuste, puede decirse que, simbólicamente, toda España entra también en un inmenso monasterio ideal y, vestida de luto, se hinca en oración o en éxtasis. La teología, la ascética, la mística y la lírica a lo divino traducen entonces el ansia de inmortalidad de la Esparta de Cristo. Y viene la portentosa floración de los escritores sacros: Fray Luís de León escribe en sus liras divinas la letra para la música pitagórica de las constelaciones, San Juan de la Cruz, asciende por la secreta escala hasta tocar el infinito con su mano de hombre. Santa teresa ve, hasta en los pucheros, el paso transparente del espíritu. En este ambiente de delirante religiosidad colectiva nace el soneto maestro, como anónima expresión en la que cristaliza finalmente la fe de todo un pueblo. Por su sencilla efusión y por su lengua natural es, desde luego, anterior a la profusión barroca y al esplendor culterano de 1600.

Hermano menor de la sobria arquitectura escurialense, de la música de Vitoria y de la llameante pintura nebulosa del Greco, el “Soneto al Crucificado” ilumina, como una pequeña llama en un vaso de diamante, los pies divinos del Redentor, por los siglos de los siglos.





Julio Sánchez:

Me está gustando el rumbo que están tomando las cosas. La poesía el mejor género literario. Los poetas son  los seres más apreciados de la sociedad.




Ignacio Vélez: 

La Dra Wiki dice: "El anónimo Soneto a Cristo crucificado, también conocido por su verso inicial «No me mueve, mi Dios, para quererte», es una de las joyas de la poesía mística española. Podría considerarse de lo mejor de la poesía española de la segunda mitad del s. XVI. Sobre el estado de la cuestión, y bibliografía, ver Germán Bleiberg, Dictionary of the literature of the Iberian peninsula, vol. 2, pp. 1542-1543. 
Aunque su autor permanece desconocido, se atribuye con gran fundamento al Doctor de la Iglesia san Juan de Ávila, aunque algunos lo atribuyen también al agustino Miguel de Guevara, que lo publicó en su obra Arte doctrinal y modo general para aprender la lengua matlazinga (1638), mientras que otros señalan a otros autores. Si bien apareció impreso por primera vez en la obra del doctor madrileñoAntonio de Rojas Libro intitulado vida del espíritu (Madrid, 1628), circulaba desde mucho tiempo antes en versión manuscrita. El argumento más sólido para la atribución a Juan de Ávila, como señala Marcel Bataillon, es que el precedente de la idea central del soneto (amor de Dios por Dios mismo) se halla en bastantes textos del Santo:" 
http://es.wikipedia.org/wiki/Soneto_a_Cristo_crucificado
saludos
Francisco Angulo: 


Yo no se de qué metal es el siglo de Manrique pero siempre resonaràn sus coplas... 
Francisco Pinaud:
Pacho:
Jorge Manrique es un poco anterior al Siglo de Oro.
Nació en 1440 y murió en 1479, siglo XV.
El siglo de oro, realmente duró dos:
De 1492 a 1681 , según los entendidos.
Ya a Manrique lo comentamos en una sesión pasada.
Pero está programada otra sesión dedicada a la poesía elegíaca. Alejo nos dirá cuándo es.
Allí volveremos a comentar sus famosas "Coplas...."
Alejandro Salgado: 
Hola a todos, ya Sícalo ayer nos dejó la tarea para la sesión de hoy, con los poetas del Siglo de Oro. Recuerdo que es en ábaco a las 6:00 p.m.

Y siguiendo con las tareas de Sícalo, como sabrán, ya en el Club habíamos abordado a algunos de los poetas en algunas de las primeras sesiones. Comparto los enlaces del Blog del Club de los poetas que ya hemos tratado, ahí podrán ver algunos aportes interesantes:


Garcilaso de la Vega:



Federico García Lorca:



Sor Juana Inés de la Cruz: (Que tuvo 3 sesiones intercaladas, una de ellas con Claudia Ayola jaja)






Espero que las próximas sesiones también me resulten igual de inspiradoras para escribir y compartir textos varios, como en las sesiones anteriores, jeje


Saludos
Alejandro Salgado: 

Endecasílabo en Sesión de Siglo de Oro‏:

 

¡Liquidación 
Total 
de la
Existencia!
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

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