Matar a un ruiseñor, Harper Lee

Mayo 26. Comentarios sobre Lolita. Harper Lee, Matar a un ruiseñor (209 páginas). Sin persona a cargo. Resumen. Película Matar a un ruiseñor.

De Iliana Restrepo: 
LA PALABRA DEL DÍA

Por Ricardo Soca

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martes, 29 de junio de 2010

ruiseñor

La avecilla canora que llamamos ruiseñor es una de las 304 clases de tordos que se han clasificado en el mundo. Era conocida por los latinos como luscinius, cuyo diminutivo era lusciniulus. Fue a partir de este diminutivo que se formó en la antigua lengua provenzal (occitana o lengua de Oc, hablada en el sur de Francia) el nombre rossignol, para llegar al cual la l fue cambiada por r. Al pasar al castellano, la palabra provenzal fue alterada por el pueblo, que interpretó rossignol como si fuera Ruy señor (señor Rodrigo). En portugués, la palabra se convirtió en rouxinol.

De Raymundo Pinaud:

Ecos de “To kill a mockingbird”: ¿Es “In cold blood”, en parte, la otra obra de Harper Lee?

En Dill, el carajito que se les aparecía los veranos a Jem y Scout Finch en Maycomb, AL, Harper Lee dió forma literaria a la reminiscencia que albergaba de Truman Capote, su gran amigo de la infancia.
La identidad de los padres del Dill era un misterio; a él se lo rotaban los parientes cercanos — Miss Rachel Haverford, vecina de los Finch — entre ellos. Truman Capote se llamaba entonces Truman Streckfus Persons cuando el explosivo divorcio de sus progenitores lo ubicó en el hogar de una tía lejana, residente de Monroeville, AL, lugar de nacimiento de Harper.
Así como Dill era algo mayor en edad pero más pequeño en estatura que Jean Louise Finch — Scout —, Truman debió serlo en relación con Harper. 
Al enterarse de su edad, Jem le espeta: “You look right puny (diminuto) for goin’ on seven 
En la obra Scout se prenda de Dill y ese sentimiento se transparenta en la descripción que ella hace de él, descripción que bien pudiera correspoder a la del Truman de ese entonces:
Dill era una curiosidad. Usaba pantalones cortos de lino que se abotonaban a la camisa,  su cabello era blanco como la nieve y se adhería a su cabeza como se adhiere el plumon del pato; me llevaba un año pero yo descollaba por encima de él. Sus ojos azules brillaban y se oscurecían mientras narraba la vieja historia; su risa era repentina y alegre; habitualmente halaba de un mechón que colgaba en medio de su frente.
El grado de participación que Lee le dió a Capote en su obra se pone aún más de manifiesto en las sonoridades nominales que comparten el héroe de ésta y padre de Scout — Atticus Finch — con Archulus Persons, el padre biológico de Truman.
A Truman le cambia radicalmente la vida con el matrimonio que contrae su madre con un ciudadano cubano del cual él tomó el apellido que haría famoso. Se instala en New York, asiste a colegios y universidades de prestigio, aunque no se esmera mucho en estudiar. Poco a poco, sus extravagancias y su pluma habrían de convertirlo en figura de alguna visibilidad en el ambiente de la metrópolis.
En esas estaba Truman cuando en 1949 recibe en la ciudad a una Harper Lee — con esbozos de lo que sería  Matar a un risueñor en la maleta — que viene de  frustrar su idea de convertirse en abogada en aras de materializar su verdadera vocación de escritora.  Ella se bandea con un trabajo aquí y con otro acullá; Capote la ayuda en lo que puede — contactos mayormente — pero el salvavidas definitivo se lo lanzan Michel Martin Brown — un compositor de Broadway — y su esposa Joy, en 1956. Esta pareja literalmente  “beca” a la escritora en ciernes mientras trabaja tiempo completo en su novela y le consigue editor para cuando la tenga lista, evento que se da, finalmente, en 1959.
Ese mismo año, en la madrugada de Noviembre 15, Richard E. Hickock y Perry E. Smith ultimaron brutalmente a cuatro miembros de la familia de Herb Clutter, un agricultor de Holcomb, Kansas. Truman Capote aceptó el encargo de The New Yorker de preparar una serie de artículos sobre esta matanza y le pidió a Harper Lee que le ayudara en este empeño.
Se inició así una colaboración entre los dos escritores amigos que se extendió hasta la primavera del año siguiente y que incluyó dos largas visitas al sitio de los terribles acontecimientos durante las cuales el objetivo primordial era recabar toda la información atinente a los hechos.
Desde un comienzo fue evidente que el estilo extravagante y el caracter irascible de Capote no se avenían con los propósitos de la labor investigativa que pretendía  adelantar la cual implicaba contar con la buena disposición de gente del campo recelosa a la sazón, por razones obvias, de todo aquello que tuviera visos de una impertinente intrusión foránea. 
Entretanto, el talante afable y el temperamento nada pretencioso de Lee le granjearon de inmediato la confianza irrestricta de los moradores del lugar, coyuntura que le permitió entrevistar hasta la saciedad a parientes y amigos de las víctimas, a las autoridades locales, a los funcionarios que detentaban la responsabilidad de adelantar las pesquisas tendientes a develar las circunstancias del crimen.
Por otro lado, en lo poco o lo mucho que le tocó, Truman procedió sin cuaderno de anotaciones ni grabadora; su argumento estribaba en que por la noche vertía de memoria, en su versión aprovechable, la información recogida durante el día. 
Como correspondía a una formación mucho más estructurada y metódica, la acuciosidad con que desarrolló Harper su encargo — por cuya satisfactoria ejecución debía eventualmente responder ante Truman — la puso en condiciones de tener a disposición de éste el fruto de su trabajo, en forma por lo demás completa, articulada y oportuna, justo a tiempo para hacerle frente a los apremios que conllevaban el lanzamiento de su Matar a un ruiseñor y el éxito literario en que se convirtió de inmediato.
A sangre fría vió la luz en 1966 y Truman Capote no tuvo la consideración de hacer mención específica, en alguno de los veintitres renglones que componen su página de Reconocimientos, de la gran ayuda recibida de Harper Lee; se escudó entonces en el razonamiento de que proceder así hubiese resultado redundante habida cuenta de que los nombres de quienes eran merecedores de recibir las expresiones de su agradecimiento figuraban en otras páginas del libro. Algún resquemor debió albergar en su ánimo el otrora enfant terrible de New Orleans cuando reforzó tal argumentación concediéndole a su antigua compañera de juegos en Monroeville el honor de aparecer en un segundo plano en la dedicatoria de la obra, justo después del ocupado por Jack Dunphy, el boyfriend de Truman de muchos años. 
(Once upon a time it used to be ‘ladies first’ ...)

Enviado por  Raymundo Pinaud  Mockingbird turns fifty with fanfare




TÍTULO ORIGINAL To Kill a Mockingbird
AÑO
1962
DURACIÓN
129 min.   Trailers/Vídeos
PAÍS
 
DIRECTOR Robert Mulligan
GUIÓN Horton Foote (Novela: Harper Lee)
MÚSICA Elmer Bernstein
FOTOGRAFÍA Russell Harlan (B&W)
REPARTO Gregory Peck, Mary Badham, Brock Peters, Phillip Alford, John Megna, Frank Overton, Rosemary Murphy, Robert Duvall
PRODUCTORA Universal. Productores: Alan J. Pakula & Robert Mulligan
PREMIOS 1962: 3 Oscars: Mejor actor (Gregory Peck), guión adaptado, dirección artística. 8 nominaciones
GÉNERO Drama | Drama judicial. Racismo. Vida rural (Norteamérica)
SINOPSIS Gregory Peck es un abogado sureño que defiende a un hombre negro acusado de violación en esta adaptación al cine de una novela galardonada con el premio Pulitzer. En una ciudad del sur de los Estados Unidos, en la época de la Gran Depresión, una mujer blanca acusa de violación a un hombre negro. Aunque la inocencia del hombre resulta evidente, el resultado del juicio es tan previsible que ningún abogado haría nada para evitarla... excepto Atticus Finch (Peck), el ciudadano más respetable de la ciudad. Su compasiva defensa le cuesta muchas amistades, pero le otorga el respeto y la admiración de sus dos hijos, huérfanos de madre. (FILMAFFINITY)

CRÍTICAS
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Una obra maestra que parece haber sido rodada en estado de gracia; una película llena de matices, con mensaje sin caer en la sensiblería, de magnífico guión, espléndida fotografía y con una interpretación contenida y maravillosa de Gregory Peck, la mejor de toda su carrera. Inolvidable. (Pablo Kurt: FILMAFFINITY)

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