Cuarteto de Cuerdas Op.132, Ludwig Van Beethoven.

Septiembre 8. Cuarteto de Cuerdas Op.132 en La menor, de Ludwig Van Beethoven. Con la guía y acompañamiento musical de Mario Mendoza Orozco.

Septiembre 13. De Alejandro Sabogal
Don Alfredo, muchas gracias por sus palabras. Aprecio sus anotaciones y argumentos, efectivamente el placer y el hedonismo siempre están presentes en tanto los emisores y receptores de la respectiva representación artística. Sin embargo, pienso que no podríamos sacar al amor de la lista y colocar al placer, al contrario considero que me faltó el placer en la lista, como secuencia del amor. Antes de explicarlo, veamos los conceptos:
Uno de los conceptos de Amor (DRAE): 7) Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella. Y ahora unos de Placer: 1) Agradar o dar gusto.  2) Goce, disfrute espiritual. 3) Satisfacción, sensación agradable producida por la realización o suscepción de algo que gusta o complace.
Si observamos los conceptos y los unimos un poco, podemos observar que se hace presente la ley de causa y efecto. El placer muchas veces (no todas) es resultado o a causa del amor. Esta frase tal vez le resulte totalmente falsa a algunas personas que lo comparan inmediatamente con el placer y amor en las relaciones de las personas, pero estamos hablando en estos momentos del amor a la música. Por eso me parece interesante y muy pertinente tener claro que no solamente hay una clase de amor. Lo digo sobre todo porque hay muchas personas que porque han tenido malas relaciones piensan que ya no pueden amar, que han perdido la capacidad de amar, y esto ocurre cuando limitamos nuestra propia capacidad de amar a un solo concepto. Por lo tanto, pienso que en el arte de la música muchas veces (hablando del artista) experimenta inicialmente ese amor definido anteriormente, y el deleite o placer es una sucesión (claramente sin sacarlo del paquete). En cambio, hablando del receptor de la obra, si es más discutible la idea de que ame la obra del artista, y que al contrario sienta placer. Esto me lleva a pensar de que así como el artista siente amor y placer a su trabajo, y que el receptor pueda que solo sienta placer. Digamos que el ser humano es creador por naturaleza, por lo tanto lo que yo cree (de crear) seguramente va a ser mi obra amada, porque contiene mi esfuerzo, dedicación etc. (lo que la personas determine).
Aunque es claro, que nada de esto se puede generalizar. Hemos leído en varias obras, que precisamente hemos leído en el club, que muchas veces los receptores si pueden sentir una especie de amor a alguna obra, ya sea porque representa algo en su vida etc. Y al contrario, también hay casos en que genera placer y “obsesión”.   
Y claramente sin dejar afuera a Belleza, que es: La propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas.
Por lo tanto, me parece genial aumentar la lista (Amor, Placer, Belleza, Arte, Música). En cuanto a lo de la culpa, mencione que fue una experiencia personal. Y claramente un efecto de la música nunca va a ser aumentar la culpa o un sentimiento parecido. Eso es algo perceptivo dependiendo de la persona. Cada persona percibe la música  de una forma distinta, dependiendo del estado emocional en que se encuentre en el momento u otra sensación. Recordemos que la música es un arte subjetivo, muchas veces.
En cuanto a la última parte, respeto mucho tu posición Alfredo pero no estoy totalmente de acuerdo. Y pienso que al contrario de algunos científicos, hay otros que están cortando las brechas en las dos palabras que en gran parte de la historia han estado separadas: Fe y Razón. Haciendo la aclaración que Fe no implica religión. Más bien llamémoslo las brechas entre lo espiritual y lo material. Y dicen que aunque el cerebro es un órgano increíble, que nosotros no alcanzamos a utilizar en un gran porcentaje, este sería prácticamente inútil sin otra “esencia” que le da vida.
Para finalizar, no sé si son pertinentes pero me gustaría compartirles a todos dos historias que me gustan mucho:
Historia 1)
La Mujer de un investigador sufría mucho al verlo desentendido de ella y de los dos hijos, enfrascado entre libros, probetas, ácidos y químicos. Un día, al anochecer, él escuchó unos sollozos en la sala de la casa, dejó el libro que tenía en las manos y fue a ver qué pasaba. Encontró a su mujer llorando sin consuelo, recostada sobre un diván. En lugar de conmoverse se encendió en rabia y le dijo: “Las mujeres creen que todo se arregla llorando”; Y agregó: “El mundo cambia con ideas no con emociones. Esas lagrimas no son más que agua, mucosa y sal”.
La esposa no daba crédito a lo que había escuchado y, más desolada que nunca, se retiró a la habitación de su hija. Al otro día volvió donde sus padres con los dos hijos y, por la noche, cuando el científico llegó, halló la casa vacía y esta nota: “Esto es  celulosa con colorantes orgánicos llamados tinta; yo y tus hijos, un simple agregado de huesos, carne y nervios, te decimos hasta nunca. Ojalá algún día, con la masa gris de tu cerebro, encuentres en un laboratorio el corazón que se te perdió”.
Fin…
UNA MISIÓN ASUMIDA CON AMOR: La siguiente frase está siempre en el corazón y en los labios de las personas excelentes: “Me encanta lo que hago”. Independientemente de la labor que desempeñe, un ganador ama lo que hace, se apasiona por una misión y se siente a gusto, incluso en medio de serias dificultades. Y claro, como ama su trabajo, se evita un buen número de conflictos y tiene reservas de energía para superar otros. El premio de aquel que ama su labor es que nunca más vuelve a trabajar. Por eso WALT DISNEY se gozaba todo lo que hacía y los mismo vemos en inventores como Leonardo da Vinci y tantos investigadores.
Si quieres amar lo que hace,  ante todo tienes que amarte a ti mismo y mirar tu trabajo como una misión y como una bendición. (Gonzalo Gallo)
Historia 2)
Cerebro y Pensamientos
Estaban un astronauta y un neurocirujano muy reconocido, discutiendo sobre la existencia de Dios. El astronauta dijo: “Tengo una convicción, no creo en Dios. He ido al espacio varias veces y nunca he visto ni siquiera un ángel”. El neurocirujano se sorprendió, pero disimuló. Luego de pensar unos instantes, comentó: “Bueno, he operado muchos cerebros y nunca he visto un pensamiento”.
(Sandra C. Castillo R.)
Saludos a todos. 

Septiembre 11. De Alfredo García

Comparto los comentarios en relación a la docta presentación del maese Mario. Los años de estudio y práctica musical lo anunciaban. En lo referente a la reflexión que haces me parece interesante y adiciono algunas anotaciones, no sin antes expresar que es loable la capacidad de trabajo que tienes lo cual se ve reflejada en tus escritos. 
Como la música hace parte de las bellas artes  me extrañe al no encontrar una relación con la belleza.  Cuando por su estética la producción de un artista o las manifestaciones de la naturaleza u otra cosa nos excita la sensibilidad, imaginación e inteligencia decimos que bella composición, pintura,  poema, canto, etc. Tal vez, esa percepción tanto al creador como al admirador le producen tanto placer que entran en un estado de arrobamiento e inducen a eyacular sensaciones sublimes.  El autor realiza el milagro como un nuevo Moisés de hacer brotar de lo íntimo del ser agua embriagadora(no trocar b por uve) y deslumbrante de las peñas áridas del desierto para saciar la sed de unos seres necesitados de ella. Fíjate que la acepción séptima que citas habla de deleite lo cual nos lleva a la idea de placer. Es decir, se esmera uno en el trabajo porque siente gozo en el. De allí infiero que más que amor es el placer el que va unido al arte y a todo lo extraordinario que el hombre hace. Por eso, cuando se trabaja con agrado logras lo máximo de ti.
En el Symposiun o El banquete (Platón) encontramos iluminación sobre amor y belleza. Hablaban por turno y bebían copiosamente( Propongo este método para el C deL). Allí Sócrates dice que repetimos las instrucciones de la sacerdotisa  Diotima la que afirmaba que si el amor es amar a la belleza, es porque carecemos de ella en tal caso no puede ser un dios puesto que todos los dioses son hermosos. De esto se sigue que amamos el dinero, pero, no sentimos su belleza. La esencia del artista es que la posee en la mina deslumbrante de su cerebro si le faltara nada podría extraer. 
Rara vez el amor ( con cualquier connotación que uses) dura hasta la muerte, si es que alguna vez ha perdurado, y aunque se jura amor eterno; este aumenta o disminuye en relación a que tan privado de su objeto está, tal cosa no sucede en las bellas artes cuando nos da placer una obra es hasta la muerte y cada vez que entremos en ella encontramos filones coruscantes indescriptibles y sublimes.
Deseo hacer notar también que la música no aumenta ninguna culpa es todo lo contrario nos lleva a desasirnos a tener una catarsis, es una liturgia purificadora celebrada por los ejecutantes. Sucede sí, que desde que aparecieron las religiones nos han enseñado el poderoso concepto de la culpa para amansar  y dominar al hombre. Al hacernos sentir culpables todo lo que hagamos lleva el peso doloroso de ella.
La separación de cuerpo y alma está siendo superada con el auxilio de las neurociencias, para regresar a algo parecido al monismo genialmente intuido por los presocráticos,  quienes supusieron la existencia de una sustancia común de la cual proviene todo lo existente. El dualismo es un monismo idealista.  El hombre al no encontrar explicación incontrovertible recurre a argucias para dar un sentido lógico y creíble a sus creencias, es el caso del alma. (Hay mucha bibliografía de divulgación científica que lo demuestran, como: El alma está en el cerebro, El cerebro íntimo, El cerebro y el mito del yo, Genética de la conducta, etc.)
Soy partidario de empezar a repensar muchas de las, hasta ahora, verdades tenidas por irrefutables, tales como el amor, con gran pesar para los románticos. También otras con tanto poder como el placer y el dolor, A. Huxley  lo previó. Así como ha sido desplazado el corazón como fuente de los sentimientos  de la misma forma lo serán aspectos cruciales que transformaran totalmente la cultura actual.  Abrazos. AGZ
Sept. 9 de 2010
De Alejandro Salgado
Hola a todos, espero estén muy bien. En nuestra última sesión tuvimos el privilegio de escuchar y observar el Cuarteto de Cuerdas Op.132 en La menor, el cual estuvo dirigido por nuestro compañero Mario Mendoza Orozco, quien nos trasmitió su energía y pasión por este cuarteto. Y además me alegro saber que nuestro compañero es el autor del soneto huérfano que nos envío en uno de los intercambios de correos. Pero pienso que no me equivoque al compararlo con uno de Neruda, en cuanto a su belleza.

Volviendo a nuestra sesión del día de ayer, estoy totalmente de acuerdo y me identifico con las sensaciones que mencionaba Mario, acerca de la experiencia de escuchar y sentir la música. Estoy de acuerdo en que cuando uno escucha la música, es muy difícil concentrarse en los aspectos técnicos, al contrario nuestro estado momentáneo de sublimación nos sumerge dentro de la música y nos hace experimentar un estado de sensibilidad que infecta a todos nuestros sentidos. Y que nos hace entrar en un estado de confusión, en donde dudamos y empezamos a creer que esa melodía debe ser obra divina.   

Considero que la música es una de las expresiones de arte más significativas y trascendentes, según el DRAE el arte es: “La manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. Pienso que el concepto de ARTE no se puede separar de otro concepto muy importante y que hemos estado exprimiendo desde hace unos días, el Amor. Según el mismo DRAE, el concepto del amor puede ser: 1) Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. 3) Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo. 7) Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella. Y el último concepto pertinente que tomare del DRAE, es el de música: “Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”.

Si observamos cada uno de los 3 anteriores conceptos, observamos que mantienen una relación inevitable. Inicialmente el arte es algo subjetivo, una expresión individual de cada persona sobre cualquier cosa. Una de esas cosas es la música, que como cada una de las otras artes tienen un sentimiento que las origina: el Amor. Claramente, tenemos que olvidarnos del concepto clásico del amor, y tener en cuenta que éste trasciende hacia un elemento que poseen todas las personas, seres vivos y cosas, el espíritu y el alma. Por lo tanto, el arte sin amor, y la música sin amor, no serían nada. El artista ama sus materiales, el pianista su piano, el violinista su violín y así sucesivamente, ambos personajes y almas se conjugan para formar una pieza que puede ser de inspiración divina. Ya que somos imagen y semejanza de un ser divino, pero no hemos comprendido que no es en su parte física, sino en su parte espiritual (alma).  Habría que recordar la concepción de Aristóteles según la cual todo cuerpo se halla constituido por dos principios esenciales, que son materia (cuerpo) y la forma (alma).

Volviendo nuevamente al tema de la sesión. Me gustaría decir que en general me gusta la música clásica, además de todos sus beneficios, es una excelente herramienta para la contemplación, visualización y meditación. Estos estados se logran cuando a través de la atenta audición, nos sumergimos en un trance que nos acerca un poco al silenciamiento de la mente en cuanto a la percepción física, y al contrario entramos en contacto con nuestro interior. Una de las composiciones que más me impactan, por ejemplo de Mozart, son las Misas de Mozart o la música religiosa compuesta por Mozart para iglesia. En general todas las melodías y composiciones, no solo de Beethoven, sino de Mozart, Bach, Vivaldi etc. Pero las Misas de Mozart me parece que tienen un poder increíble. Lo digo sobre todo por una experiencia que tuve una vez en donde hice algo indebido y posteriormente precisamente un familiar escuchaba una de esas composiciones de Mozart, y les confieso que la conciencia me remordía increíblemente, y la música aumentaba esa culpa. Fue algo muy impresionante para mí, sobre todo porque fue cuando era pequeño, pero creo que a partir de ese momento experimente el poder de la música.     


Me gustaría compartir con ustedes un texto sobre este tipo de composiciones, llamado: “Misas y otras composiciones sacras, La Música religiosa de Mozart”, Por Diana Die González.
También me gustaría compartirles otro texto que habla un poco sobre la magia de la música, en forma de hechizo. Prestar atención al siguiente fragmento del texto:

“¿Qué decir del arte de escuchar la música con todo el cuerpo? Hace muchos años, tuve la oportunidad de asistir a un concierto de música india en Carnegie Hall. Sólo había dos instrumentistas: una cítara y un tambor en un escenario desnudo. El hechizo brotó como un manantial desde el momento mismo en que ambos ejecutantes se acomodaron en cuclillas con sus túnicas blancas y abrazaron sus instrumentos. Allí se entablaron diálogos, improvisación de fraseos inusitados, ecos que proliferaban en nuevos patrones rítmicos, silencios llenos de elocuencia; en fin, una especie de sesión iniciática del más ingenioso jazz. El punto de partida fue un tema (raga) sencillo que se iba trabajando y desmenuzando hasta lograr detalles insospechados. Naturalmente, se trataba de una improvisación: la partitura musical no existía” (…)

(Bajo los efectos de la música, Por Gladys Vila Barnés)


Por otro lado, sabemos que los efectos de la música trascienden nuestra parte física. Fue un descubrimiento un poco peligroso que incluso llevo a varias disqueras a introducir los “famosos” mensajes subliminales en la música, con el fin de vender más un producto etc. Sin embargo, ese es otro tema muy interesante que abarcaría muchísimo material.

Por lo tanto siguiendo la secuencia del texto, ahora les comparto un texto llamado: “Efectos psicológicos y espirituales de la música, Por el Lic. Edgar Amilcar Madrid Morales, M.M.D.T”.

Y para finalizar, hablando de música y experiencias divinas, no podría olvidar a la mitología griega, la cual con su Dios Apolo y otros personajes, representaron la música y su origen. Les comparto el siguiente texto de Susana Villa Hortal, de nombre: “La música en la Grecia antigua”.



Saludos a todos. Y viva el Arte, la Música, el Amor y la Literatura.
Argumentum musicalis.
MARIO MENDOZA OROZCO
A mi querido Stephen Hawking, con todo respeto.

Dejo la responsabilidad de mi propia existencia en el azar, que también es responsable de que haya leído a Borges y en consecuencia del título de este artículo. Si se prefiere algo de poesía, en “El Destino”, o quizás, para matizar la estadística con La Tragedia, en “Las azarosas manos del Destino”. No encuentro necesario que un Dios explique mi existencia ni el orden del Universo del cual hago parte: un espermatozoide más rápido o más afortunado que los demás, o que por azar tomó el camino más corto, o que por azar salió en la “pole position” del primer espasmo eyaculatorio de mi padre, una célula incompleta pero triunfadora, con un cromosoma sexual Y, único entre los millones que en sus testículos tenían condiciones para convertirse en gente humana que piensa y a lo mejor habla o escribe, pero que se desperdiciaron o fracasaron en el intento, penetró en el óvulo mensual que mi madre produjo en algún momento antes, después o durante una cópula quizás no intencionalmente procreadora, pero que tuvo éxito procreador, y no sólo condiciones para el éxito, sino que ya es palacio sobre la tierra que lo sustenta, como lo quiere Pessoa.
Acepto que tanto el Universo como yo (que somos hechos de la misma cosa inexplicable), estamos sujetos a reglas que casi sin pensar a diario comprobamos, pero precisamente por respetarlas y sólo porque ellas existen, subsistimos en la Realidad. La regla soberana que rige esas reglas se llama entonces el azar, así, en minúsculas y sin comillas, cursiva o negrita, y es la divinidad de los científicos ateos, quienes bajo su égida erigen su Religión.
Pero mi entendimiento necesita de una fuerza divina, heroica, rigurosa pero infinitamente creativa, para explicar a un Beethoven que piense Música (en mayúsculas) y la escriba con sus acentos, pianísimos súbitos, silencios agitados, cantábiles inefables, cuya forma sea siempre un poco inesperada a pesar de muchísimas audiciones. Entonces uno comprende que Beethoven, creador de una estética suprema, no puede ser producto del azar, ni del Destino, ni estar sujeto a las ilusiones y espejismos que pueblan la Realidad. Y uno sabe también que por muchas veces que se tiraran los dados de la materia del cosmos o las notas de la escala, así se revolvieran incesantemente durante un tiempo infinito, una y otra vez, y otra, y otra, hasta el inconcebible cansancio de las manos de Dios, jamás por el azar se crearía la partitura de cualquiera de sus cuartetos para cuerda.
Ergo, Dios existe, y para este análisis lo podemos llamar, sin ningún remordimiento, Beethoven. O mejor: el pensamiento musical de Beethoven, porque hasta de su disfraz de carne, de su expresión de pocos amigos, de su insolencia, de sus amores fracasados, de sus cartas y testamentos, de su sordera, de sus enfermedades y de las circunstancias de su muerte podríamos prescindir, pero no de su pensamiento, que nos saluda con Divina Majestad cuando levanta vuelo en el aire sorprendido y feliz el milagro del Molto adagio del Op. 132 en La menor…
Entonces, un ser que habita dentro de mí y que sabe sentir lo que no dicen las palabras, algo que es pura sensación ausente de palabra e imagen, sino sonido y silencio, me toma, me invade y me transforma en música hasta no ser ya nada de mí mismo, simplemente belleza que se crea y se consume con la misma paciencia con que se desgrana el tiempo que midió Laquesis en el huso que Cloto hiló para mi vida, y cuya hebra un día cortará sin crueldad la tijera de Atropos.




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