La casa de las bellas durmientes, Yasunari Kawabata.

Febrero 23.  Yasunari Kawabata fue el primer japonés en ganar el premio Nobel de Literatura en 1968. Este libro se puede bajar desde www.quedelibros.com y no se tienen propósitos comerciales con este acceso. Presenta Mario Mendoza.

Febrero 23 de 2011
De Alejandro Salgado
"En nuestra próxima sesión discutiremos la maravillosa obra de Yasunari Kawabata: La Casa de las Bellas Durmientes. Pienso que es uno de los mejores libros que he leído, ya que tiene tantas cosas: es mágico, erótico, trágico, y nuevamente se comprueba que la brevedad puede contener y formar obras perfectas.

Es curioso que el libro en casi toda su extensión sea narrado en tercera persona y escasos diálogos. Con excepción de las cortas conversaciones con la señora de la casa, que me parecen geniales, como el siguiente fragmento:

-Además, es muy bonita. Sé que usted no hará nada malo, por lo que no sería justo que no fuese bonita.
-¿No es la misma?
-No. ¿Acaso no le parece mejor tener esta noche una diferente?
-No soy promiscuo hasta este punto.
-¿Promiscuo? Pero, ¿qué tiene que ver esto con la promiscuidad?
El familiar modo de hablar de la mujer parecía ocultar una débil sonrisa burlona.
-Ninguno de mis huéspedes hace cosas promiscuas. Todos tienen la amabilidad de ser caballeros dignos de confianza.

La mujer no le miró mientras hablaba sin abrir casi los labios. La nota de burla irritó a Eguchi, pero no se le ocurrió nada que decir. ¿Qué era ella, al fin y al cabo, sino una alcahueta fría y avezada?

-Usted podrá considerarlo promiscuo, pero la muchacha está dormida y ni siquiera sabe con quién ha dormido. Tanto la del otro día como la de esta noche no sabrán nada de usted, y hablar de
promiscuidad es un poco…
-Comprendo. No es una relación humana.
-¿Qué quiere decir?
Sería extraño explicar, ahora que había venido a la casa, que para un anciano que ya no era un hombre, estar en compañía de una muchacha que dormía en un sueño provocado «no era una relación humana».
-¿Y qué hay de malo en ser promiscuo? -con la voz extrañamente joven, la mujer rió como para consolar a un anciano-. Si le gusta tanto la otra chica, puedo reservársela para la próxima vez que venga; pero después admitirá que ésta es mejor.
-¿Ah, sí? ¿A qué se refiere al decir que tiene más experiencia? A fin de cuentas, está profundamente dormida.
-Sí.

La mujer se levantó, abrió la puerta de la habitación contigua, miró hacia dentro y puso la llave frente a Eguchi.
-Espero que duerma bien.
Eguchi vertió agua caliente en la tetera y tomó una pausada taza de té. Por lo menos su intención fue ser pausado, pero su mano temblaba.

Y esta otra genial frase:
El hecho de que la hechicera «experimentada» de esta noche fuera todavía virgen no era tanto la señal del respeto de los ancianos hacia sus promesas como la triste señal de su decadencia. La pureza de la muchacha era como la fealdad de los ancianos.


El anterior fue uno de los escasos diálogos del texto, sin embargo las descripciones, además de ser las que más abundan en el texto, son al mismo tiempo las que embellecen la obra. Es increíble el significado que se le da en esta obra a la vejez, y el maravilloso significado de las “bellas durmientes”, jóvenes vírgenes que después de pasar la noche con un acompañante siguen siendo vírgenes, y que durante la noche duermen narcotizadas mientras un anciano las observa, toca y revive sus años de juventud, para olvidar la terribles consecuencias del paso de los años.

Además, es interesante el manejo absoluto en la descripción de la conjugación de los sentidos, desde el tacto, el olfato (el olor del cuerpo de la mujer, le trae recuerdos de tristeza, un vacío en su corazón), y la vista. Los dos primeros sentidos se imponen al de la vista, ya que estos son los que conducen y traen a la mente del viejo los recuerdos dormidos en su baúl de recuerdos.

Y este otro elemento: “El anciano creyó sentir música en el cuerpo de la muchacha”.

También se observa que como el texto en narrado en tercera persona, hay algunos fragmentos en los que podríamos decir que el autor infiere sobre algunas situaciones y acciones, y deja un espacio para que nosotros podamos sacar nuestras conclusiones.

Otra de las geniales descripciones:

“Si se decidía a violar la regla de la casa, habría un olor desagradablemente intenso y carnal. Pero el hecho de que lo calificara de desagradable ¿no sería un signo de que Eguchi ya era senil? ¿Acaso esta especie de olor fuerte y penetrante no constituía la base de la vida humana? Daba la
impresión de ser una muchacha con facilidad para quedarse embarazada. Aunque la hubiesen dormido, sus procesos fisiológicos seguían funcionando, y se despertaría en el curso del día siguiente. Si quedaba embarazada, sería sin que tuviera la menor conciencia de ello.
¿Y si Eguchi, a sus sesenta y siete años, dejase tras él a un niño semejante? Era el cuerpo de mujer que invitaba al hombre a los círculos inferiores del infierno”.

En síntesis, un libro exquisito.


Comparto a continuación algunos textos interesantes sobre la obra:

1)      El sueño eterno en La Casa de las Bellas Durmientes, de Orlando Betancor (Universidad de la Laguna)

Fragmento:
“En cinco encuentros, separados entre sí por intervalos de tiempo variables, en una misma habitación, en un mismo lecho, pero con seis mujeres diferentes, Eguchi nos muestra su visión sobre la muerte, el amor, la sexualidad, el deseo y su ideal de belleza”

“En la anatomía de cada doncella encuentra las imágenes de otras mujeres a la que un día amó, que ahora duermen en el olvido y vuelven a su memoria. Los recuerdos reviven en su mente a través de un olor como la esencia de unas flores, el aroma de la leche materna y la voluptuosa fragancia de una piel que le retrotrae inmediatamente al pasado. Un gesto se convierte en el detonante de un recuerdo nítido de una pasión de antaño. Los cuerpos bellos y firmes de las jóvenes narcotizadas despiertan en Eguchi una multitud de sensaciones, unas veces tiernas y otras claramente perversas. Se deleita contemplando los movimientos de las doncellas en el sueño, la posición de sus brazos, el color de sus labios, las delicadas formas de sus dedos, la curvatura de una cadera y el brillo de sus cabellos. Estas imágenes encienden sus recuerdos de nostalgia y liberan sus ocultas fantasías”.   

“La iconografía de la contemplación de la belleza dormida bebe en las fuentes de la mitología clásica donde destacan varios ejemplos como el de Eros y Psique y la figura de Endimión, amado por Selene, diosa de la Luna, que están llenos de simbolismo sexual. Igualmente, la imagen de una doncella que duerme junto a un anciano es un tema tratado desde la antigüedad. Así, sobresale la figura de un antiguo rey de Israel que en la senectud permite a una joven virgen calentar su lecho para poder descansar plácidamente”.


2)      Niponofilia V – La Casa de las Bellas Durmientes, de Bic Cristal

3)      La Polisemia del cuerpo en La Casa de las Bellas Durmientes, Ángeles Ortiz Gómez (Universidad Complutense de Madrid)

Fragmento:

a) El cuerpo: mundo sensorial.
b) El cuerpo: recipiente alquímico de la memoria.
c) El cuerpo: experiencia directa de conocimiento ontológico


4)      La Casa de las Bellas Durmientes, de Alberto Fournier

Fragmento:
¿Qué era lo máximo que se podría conseguir en la casa? Esa es la pregunta que parece flotar en el ambiente claustrofóbico, denso de la casa.


5)      Una pequeña relación de la maravillosa película de Pedro Almodóvar: Hable con ella, de Hugo Dvoskin

6)      La noción de los precursores en los discursos narrativos a partir de las obras “japonesas” de Mario Bellatin.

7)      La Pasión de la Belleza en Gabriel García Márquez, de Guadalupe Fernández Ariza.
8)      Bellas durmientes y Putas tristes: una metáfora sobre la vejez, el amor y la muerte, de Susana Pezzano.


9)      Velando su sueño, trémulo (Mario Vargas Llosa, en su libro La Verdad de las Mentiras)

Fragmento de la crítica de Vargas Llosa:

“¿Goza Eguchi junto a las muchachas dormidas? Difícilmente podría hablarse en su caso de felicidad, en el sentido de contentamiento con el mundo, consigo mismo y con los demás. Por el contrario, las bellas durmientes con las que Eguchi puede soñar pero no hablar, que nunca lo han visto y que jamás sabrán que pasó la noche con ellas, le dan una conciencia terrible de su soledad así como la juventud y la fresca belleza de sus caras y cuerpos le hacen ver la irremisible decadencia, tristeza y fealdad de la vejez. Sin embargo, La casa de las bellas durmientes no es una obra de estirpe puritana, uno de esos «exiemplos» medievales llenos de feroces acoplamientos para mostrar el horror del pecado. Nada de eso: es un relato en el que el erotismo —es decir, el amor físico enriquecido por la fantasía y el arte de la ceremonia— desempeña un papel capital. La delicadeza de las descripciones del cuerpo femenino y de los turbulentos deseos o las tiernas sensaciones que él despierta configuran a menudo una atmósfera de una sensualidad subyugante en la que todos los objetos del rededor —la colcha eléctrica, el cuadro de paisaje otoñal, las cortinas de terciopelo carmesí y hasta el lejano romper de las olas— se impregnan de carnalidad y de deseo.

Pero, en esta historia, «la chair est triste, helas!», como, en el poema de Mallarmé. Porque quien la protagoniza es un hombre al que la decadencia física da una acerada conciencia de muerte y porque esta casa del sexo es también un lugar lleno de enigmas y rituales, donde, sin quererlo ni saberlo, las bellas muchachas y sus ancianos clientes parecen animar un complicado libreto que alguien, desde las sombras, prepararía para ellos y, presumiblemente, observaría representar.

El personaje más misterioso de esta novela misteriosa no son las muchachas complacientes ni los ancianos que las alquilan, sino la mujer de la posada. ¿Es la dueña o sólo administra el lugar? Ella habla del «hombre que posee la casa», pero a éste nunca lo vemos; ella, en cambio, está siempre allí y toma todas las decisiones. Sombra furtiva, mujer sin nombre, de unos cuarenta y cinco años de edad, cuya voz suena como «un murmullo glacial», la circunda un aura inquietante. En todas sus apariciones comunica una impresión de dominio y de sabiduría que trasciende los límites de una mera celestina. Ni siquiera la muerte de la muchacha morena la inmuta o descuadra su impecable cortesía; su única aprensión, en ese momento dramático, es que Eguchi, actuando de manera atolondrada, «llame la atención». Se diría que no es el escándalo lo que teme, sino la inobservancia de las formas, esas formas rigurosas, secretas —las podríamos llamar también artísticas— que organizan la vida y la muerte en este espacio reservado, con sus leyes y ritos propios, distintos de los del mundo exterior, que es la posada de las durmientes. La sensación del lector es que esta mujer mueve los hilos invisibles de ese pequeño mundo ceremonial, que ella es como su sacerdotisa suprema y los demás personajes los dóciles oficiantes de un rito que ella ha concebido y que sólo ella conoce a cabalidad”.    

Para ver la crítica completa, ingresar al libro en la página 82. Enlace:


10)   Video “The House of the sleeping beauties”

Esta es un video basado en el libro de Kawabata. Ver imágenes:
http://www.youtube.com/watch?v=_CNJs5uYSPc&oref=http://www.youtube.com/results%3Fsearch_query%3Dla%2Bcasa%2Bde%2Blas%2Bbellas%2Bdurmientes%26aq%3Df&has_verified=1 
De Iliana
No a Kawabata no... leí País de Nieve y me fascinó. Literariamente puedo entender que todos esos escenarios y situaciones son creadas para despertar distintas emociones y para narrar emociones. A mi la situación me despertó un rechazo profundo.
Sin embargo al analizar la obra literariamente, entendiendo y disfruto la poesía de su prosa y el maravilloso uso que hace del lenguaje para describir y lograr eso que logró en mí. Los autores suscitan eso, diversas reacciones. No siempre positivas. Si no las suscitan, no han llegado al lector. Sí puedo ver belleza donde hay horror y también puedo ver horror algunas veces, cuando hay belleza...  No soy mojigata ni mucho menos pero hay cosas de cosas. Decir que todo es válido para la sensualidad y el erotismo es cierto pero también arriesgado... eso tiene sus más y sus menos.. también hay aberraciones... y mucha gente sufre y sale mal librada de algunos juegos peligrosos.

Alguien decía que en la vida "Todo es veneno y nada es veneno; la diferencia está en la dosis"

No me gusta la escenografía elegida por Kawabata para esta narración y no me gusta que sea tan peyorativo con la vejez. No me gusta que los hombres se sientan tan disminuidos cuando se les acaba la potencia sexual...(y esto no es asunto sólo de Kawabata) me parece que si eso es así les sobra mucho de aquello y les falta mucho de cerebro y sentimientos... Hay tantas cosas además de...

Así como me encantó la columna de Gabo, aborrecí por medicre y banal su "Memoria de mis putas tristes" Ahí si que digo: qué tristeza que un monstruo de escritor como GGM termine escribiendo un libro tan mediocre desde todo punto de vista.Y aquí no hablo sólo desde la hermenéutica. 

De Mario Mendoza
El avión de la bella durmiente (1) y (2) de Gabriel García Márquez, El Espectador, 1982


De Mario Mendoza
Qué vaina, Iliana, le cogiste tirria a Kawabata y no has podido disfrutar de la belleza de la novela...¡Que falla! Déjala quieta y reléela pensando que eres el pobre viejito Eguchi dentro de unas semanas: es un consejo de amigo...

De Iliana Restrepo
Para mí la experiencia de Gabo  y como la cuenta en su columna es mucho más bella que el libro completo de Kawabata....he dicho

De I. Vélez
Este es el poema Insomnio de Gerardo Diego que nos leyó Sícalo Pinaud.

http://www.poesi.as/gd15129.htm

    INSOMNIO
Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes.
Duermes.  No. No lo sabes. Yo en desvelo,
y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

En cárceles de espacio, aéreas llaves
te me encierran, recluyen, roban. Hielo,
cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo
que alce hasta ti las alas de mis aves.

Saber que duermes tú, cierta, segura
—cauce fiel de abandono, línea pura—,
tan cerca de mis brazos maniatados.

Qué pavorosa esclavitud de isleño,
yo, insomne, loco, en los acantilados,
las naves por el mar, tú por tu sueño.


Gerardo Diego, 1929



Febrero 24, 2011
De Guillo Serrano
Hola. Lamento no haber podido ir a la sesión de ayer. Esta polémica que tienen por internet me parece muy interesante y quiero participar (yo pienso que está bien que discutamos. Los latinoamericanos le tememos a la discusión argumentada por temor a herir los sentimientos de otras personas. Lo de buscar no lastimar a otros está bien, pero creo que debemos comprender que el desacuerdo no se debe tomar como una afrenta personal y, por tanto, no debería lastimar nuestros sentimientos).

Una de las herencias del pensamiento positivista es la de creer que el sexo es una cuestión ahistórica, un instinto animal-humano que se mantiene constante a través de las épocas y las culturas. Sin embargo, auqnue es cierto que hay un componente instintivo del sexo que tiene una base biológica, ese componente, en todas sus manifestaciones, se halla inextricablemente unido a las culturas y las épocas. Así, el sexo no es un instinto ahistórico, sino que, auqnue sea instinto, en todas sus manifestaciones, incluida el orgasmo, se vive en el contexto de una sociedad y una gramática social.

De otro lado, la literatura, y todas las artes, tiene la posibilidad de darnos una visión, como desde adentro de la piel de los personajes que viven otras culturas y épocas; incluso en el caso en el que no compartimos los códigos morales y la gramática social de lo que viven esos personajes. Un ejemplo muy polémico de esto es el de La naranja mecánica. Uno considera a Álex (el protagonista) como un monstruo cínico y amoral (es un violador y un asesino), pero la película está narrada de tal manera que uno entiende los motivos de Álex y de algún modo uno se solidariza y se identifica con él, apesar de que el personaje no merezca la compasión que Kubrick nos hace sentir por él. 

En el caso de La casa de las bellas durmientes me parece a mí que la indignación frente a un prostíbulo de vírgenes proviene de la nuestra moral sexual actual, y no de la moralidad japonesa de la época del relato en la cual lo que hay que proteger por encima de toda consideración con las muchachas es el sentido del honor y de la verguenza de esos ancianos. Podemos decir que no estamos de acuerdo actualmente con ese principio; pero, al menos en mi caso personal, sí que puedo imaginarme desde dentro de esa piel y comprender la embriaguez del deseo y la inmensidad de la frustración al contemplar, con los ojos de Eguchi, la belleza de las jóvenes.

Pienso, sin embargo, que la vida no es igual a la literatura y que no se debe vivir literariamente (la idea de hacer de la vida una obra de arte me parece una estetización que falsea el compromiso que uno tiene con la realidad de la existencia; sin que por decir esto se crea que uno no puede tener sentido del humor y burlarse de la seriedad de la vida). Y para la vida me identifico con la idea de Epicuro de que no todo placer es elegible no todo dolor es evitable. Y en la vida pienso que debe tenerse en cuenta el no herir y no herirse, aunque dentro de esos límites se pueda experimentar con todas las formas de placer que ofrece el cuerpo y la imaginación. Esta es mi opinión.


De I. Vélez
Estoy de acuerdo con el punto de vista de Guillo en el sentido de ubicar históricamente el relato. También hay que ubicarlo culturalmente y esto se comentó anoche.   ¿Alguien tiene claves? Sabemos que la nocvela se publicó en 1961, hace 50 años.
Hay muchas claves que parecen situarla en la primera mitad del siglo XX. Algunas de ellas:
"La luz eléctrica procedía de dos claraboyas cubiertas con papel japonés." 
"Unos quince días después recibió una llamada telefónica preguntándole si le gustaría hacer una visita aquella noche."
"He puesto una manta eléctrica, doble, con dos interruptores. Puede ajustar su lado como guste."
"¿Quién se lo había llevado? Alguien en un automóvil, sin duda. La imagen no era agradable."




De Alejandro Salgado
Hermoso texto de Gabo (El Avión de la Bella Durmiente), precisamente le hace un pequeña y gran homenaje a la obra de Kawabata. Es el único libro que le hubiese gustado haber escrito. Así como Gabo lo describe en su escrito, ese era el significado que tenía para los ancianos el estar con esas mujeres jóvenes, desnudas y narcotizadas: recuperar un poco el recuerdo de su juventud. Eguchi no era igual a los demás ancianos, ya que el aún tenía la capacidad de desvirgar a una mujer, por lo que en el libro sólo observamos una perspectiva (y no general, ya que Eguchi no era igual a los demás) de lo que significa para cada anciano estar con una de esas jóvenes. Kawabata lo narra maravillosamente, y tal vez debemos pensar un poco más en ¿Cuál fue la motivación de Kawabata al escribir el libro? o ¿Qué intentó trasmitir? Tal vez algunos lo interpretemos de una forma u otra. Pero eso es precisamente lo que permite la discusión de las obras literarias.

Nuevamente, digo que también es meritorio de los escritores embellecer a los personajes y a sus escritos. Me parece genial y pertinente el comentario de Guillo con La Naranja Mecánica y su personaje principal: Álex. Un personaje terrible, pero al cual llegamos a tenerle compasión, tanto en el libro y aún más en la maravillosa película de Kubrick. Y pienso que es porque Kubrick hizo algo increíble en esta película y fue embellecer a la violencia, además de otras cosas. Una vez escuche una crítica de esta película, en donde la describían de maravillosa (la violencia). Pero el tema de esta otra obra maestra, es otra gran discusión y nos enfrenta a muchos dilemas.

Estoy de acuerdo con Iliana, en que de pronto se le da muy poco valor a la vejez. En que estos ancianos se aborrezcan, y experimenten mucho más ese sentimiento cuando se ven al lado de una joven  hermosa y desnuda. Pienso que no debería ser así, ya que todos cumplimos etapas, y se supone que con el paso de los años vamos madurando mucho más (aunque no en todos los casos). Sin embargo, es increíble que experimentando y pensando esto, me siga pareciendo una obra de arte el libro. Entraríamos a juzgar tanto a los ancianos como a las jóvenes que lo hacían por dinero. Y el oficio más viejo del mundo ha tenido muchas críticas, pero aun sigue vigente, y hasta se ha innovado. Por esto, decidí disfrutar la obra, sus descripciones y todos los sentimientos que despierta. También hay que pensar en la posibilidad de que habiten simbolismos con cierto significado en la obra y sus personajes. Observé que olvidamos al personaje de la señora de la casa, quien como Vargas Llosa plantea en sus escritos, es un personaje misterioso, y puede ser incluso un personaje malvado o compasivo (y no sólo los pobres ancianos pervertidos y las jóvenes prostitutas).

No he leído las putas tristes de Gabo, pero en algunas críticas he observado que no le llega ni a los tobillos a la obra de Kawabata.

Y por último, como ya había comentado antes, me parece interesante el desarrollo de la literatura japonesa. Sobre todo en el tipo de literatura, cargadas de mucho sentimiento. Kafka en la Orilla, de Murakami, no lo he terminado por falta de tiempo, pero me ha fascinado. Y es catalogada como la mejor novela de la década. Además de él, esta Hirami Kawakami con su novela “Algo que brilla en el mar”. Son novelas cargadas de sentimientos. Llegaríamos a pensar: ¿Por qué hay tantos suicidios? Así como en el famoso video del japonés que habla de Colombia, él afirma que el Japón efectivamente hay muchos suicidios. Habría que entender lo que significa el suicidio para esa cultura, y la muerte. Tal vez el japonés pasó mucho tiempo en Colombia y lo olvido. Sin embargo, es cierto que estos países orientales tienen tradiciones muchas veces muy fuertes, así como vimos un poco en Seda.

   De Iliana Restrepo
Guillo dice algunas cosas que son muy ciertas y me encanta el tono y el contenido del debate. Lo que pasa es que hay personas, que como yo, no tenemos sentimientos en reversa. Lo siento. Yo siento con lo que conozco hoy y no puedo retroceder mis sentimientos. Puedo retroceder con mi cerebro y cerebralmente comprender situaciones que hoy no tendría manera de justificar bajo ningún punto de vista. Hasta ahí llega mi capacidad de retroceder. Pero los sentimientos los manejo en presente, son producto de lo que vivo de lo que he vivido, de lo que he aprendido, de lo que me hace vibrar, de lo que mi sentido ético me indica que está bien o está mal. También de lo que me agrada y me produce placer y de lo que sé claramente que detesto y me produce repulsión.  Por todo lo anterior, me es imposible sentir en el pasado.
Mis sentimientos son producto de lo que soy HOY.

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