El funámbulo, Jean Genet

Abril 28. Jean Genet, El funámbulo, (traducción de Iliana Restrepo), (etimologia), (14 páginas más una corta introducción de 2 páginas). Introducción breve (no más de 15 minutos) a cargo de Iliana Restrepo. Presentación corta de coreografía de El Colegio del Cuerpo sobre el texto de Genet. Alvaro Restrepo de El Colegio del Cuerpo propone hacerlo en sus instalaciones de la Calle Larga.

Texto de presentación sobre la obra de Iiana Restrepo: Una mirada íntima a El Funámbulo de Jean Genet.

Acabo de llegar de la extraordinaria tertulia que tuvimos en las instalaciones de El Colegio del Cuerpo como se había anunciado. Las 14 páginas de El Funámbulo de Jean Genet nos mantuvieron sentados mucho más allá de las consabidas 2 horas que terminan a las 8 p.m. Después salimos a comernos un delicioso coctelito de camarón enfrente de Quiebracanto.

Hubo una riquísima discusión que pasó desde las palabras precisas que podrían usarse en la traducción de algunos pasajes de la carta de Genet a Abdallah: trempa, "fil-de-fer (alambre), el yunque ("ma belle"), hasta el elogio (e invitación de Genet) al trabajo y al amor que hay que tener por él. Alvaro Restrepo nos presentó un solo (de un extraordinario bailarín que se llama Edward Martínez) sobre tres párrafos del nigeriano Ben Okri, y nos deleitó con un solo del mismo Restrepo (que fue un privilegio porque ya casi nunca danza) basado en el sonoro capítulo 68 de Rayuela de Cortázar (el del glíglico, inventado por Cortázar) y la interpretación de tres de los bailarines del texto de Genet El Funámbulo. En todos los tres casos los bailarines recitaron los textos sobre los cuales se basó el desarrollo coreográfico. Muchas gracias por todo, Alvaro.


Este es el texto de Ben Okri de donde se trabajó el solo presentado por El Colegio del Cuerpo:


EL CAMINO HAMBRIENTO


”En el principio había un río. Luego el río se convirtió en camino y se ramificó esparciéndose por el mundo entero; porque antes había sido río, siempre tenía hambre.

En aquella tierra de principios, los que aún no habíamos nacido nos confundíamos con los espíritus. Asumíamos numerosas formas. Muchos éramos pájaros. No conocíamos los límites. Teníamos festejos, juegos y tristezas sin cuento. Festejábamos mucho a causa de los bellos terrores de la eternidad. Jugábamos mucho porque éramos libres. Y nos entristecíamos mucho porque siempre entre nosotros había algunos que acababan de regresar del mundo de los vivos. Volvían inconsolables por todo el amor que habían dejado, todo el sufrimiento que no habían redimido, todo lo que no habían comprendido, y por lo que apenas habían empezado a aprender antes de ser atraídos de nuevo a la tierra de los orígenes.

Ninguno de nosotros deseaba nacer. Nos disgustaban los rigores de la existencia, los anhelos insatisfechos, las injusticias consagradas del mundo, los laberintos del amor, la ignorancia de los padres, el hecho de morir, y la asombrosa indiferencia de los vivos en medio de la sencilla belleza del universo. Temíamos la dureza de corazón de los seres humanos, pues todos nacen ciegos y pocos llegan a aprender a ver.”

El texto del Capítulo 68 de Julio Cortázar:







"Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."

El mismo texto leído por Cortázar.

Aporte de Iliana Restrepo: Las criadas, la obra de teatro de Genet que se presentará en L'Alliance, el viernes 8 de mayo.

Aporte de Raimundo Pinaud: su traducción sobre Jean Genet y su obra Las criadas: Jean Genet frente al espejo

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